Home » Destacados, Historia de la medicina

Del sangrador y la partera al colegio de ATS( 1804-1955) 2ª parte

12 mayo 2016

Pozuelo Reina A.
S. de Biblioteca. Hospital General Universitario de Ciudad Real.

 

 

INTRODUCCIÓN.
En el repaso legislativo de la profesión de enfermería en España, del artículo anterior, Apun Cienc. 2015;5(1), quedó este estudio al comienzo del siglo XX con una más clara denominación de los trabajos de practicantes y matronas, y la colegiación que dictaminó la Instrucción General de Sanidad (1904). Pero, aún hay que aclarar muchos aspectos en la legislación posterior.
¿Choque profesional con las enfermeras?
En 1915, una Real Orden de 7 de mayo reconoció oficialmente el título de enfermeras, con la reacción adversa de los practicantes(3), pero poco a poco irían suavizando su discurso hostil, y ambos grupos se complementaran en labores profesionales. El mundo está en guerra, la I Guerra Mundial; se asienta la Cruz Roja Española. Se ha constatado que gran parte del desarrollo de la enfermería hay que vincularlo, querámoslo o no, a procesos bélicos, también a periodos de paz. En estos años, en nuestro país se produjo un importante avance en los conocimientos y cuidados de la enfermería como consecuencia de la asistencia sanitaria a los soldados heridos y enfermos durante la Guerra de Marruecos (1911 y 1926). Así, tras el “desastre de Annual” (1921), se envió a África un contingente de enfermeras de la Cruz Roja Española (fundado en enero de 1916), compuesto por el “Cuerpo de enfermeras Profesionales” y el de “Damas Voluntarias enfermeras” (Real Orden de febrero de 1917).
Los años de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) son importantes en lo que se refiere a la colegiación de profesionales sanitarios no facultativos. Uno de los acontecimientos destacables, en el ámbito sanitario, fue la creación de la Escuela Nacional de Sanidad (1924), que, además de incidir en la formación de médicos y enfermeras, se preparaba adecuadamente al personal subalterno auxiliar(1). Para el correcto funcionamiento de los cuidados de los enfermos, el Reglamento de Sanidad Municipal y Provincial (1925), en lo que se refiere a la consolidación de las profesiones de practicantes, matronas y enfermeras.
Los Colegios: voluntariedad y obligación.
Fue éste un periodo de prosperidad, reformas y auge económico internacional. Nos encontramos en “los felices años veinte”. La capacidad organizativa favoreció la colegiación voluntaria. Lo que hizo que surgieran lentamente solamente algunos Colegios provinciales. En la actual Castilla La Mancha, el primer Colegio provincial creado, aunque con solución de continuidad, o sea, con interrupciones, fue el de Ciudad Real: “El 21 de marzo de 1913 se inicia la historia del Colegio de Practicantes de Ciudad Real siendo su primer Presidente, Don Manuel Rodríguez Rodríguez y reuniendo a siete colegiados fundadores que integraron la primera Junta Directiva…”(4).
Se encontraba avanzada la consolidación de la obligatoriedad, todo estaba suficientemente debatido entre la clase política y los profesionales de la sanidad. De esta forma, después de la V Asamblea General de Colegios de Practicantes de España (1929), el gobierno de Primo de Rivera, mediante Real Orden de 28 de diciembre de 1929, concedía la personalidad jurídica a los Colegios Oficiales para que, obligatoriamente, estuvieran colegiados los profesionales sanitarios que quisieran ejercer como practicantes. Más tarde, la Real Orden de 7 de mayo de 1930 daría carta de naturaleza a la obligatoriedad en la colegiación de las matronas, como respuesta a la reivindicación del Colegio de matronas de la provincia de Alicante, creado en 1923(1).
En el caso de las enfermeras, hasta el año 1931 se dieron importantes pasos para la consolidación y reconocimiento de las labores propias del cuidado y atención a los enfermos, en la mayoría de las ocasiones dispersas entre la voluntariedad y solidaridad laicas y la humanidad y mandato religioso.
El periodo de la II República permitió la sedimentación, adaptación y actualización de las conquistas realizadas hasta ese momento con un importante apoyo legislativo. Se dio especial importancia a la salud mental, con el Consejo Superior Psiquiátrico (1931); el Patronato de Asistencia Social Psiquiátrica (1932); y, en mayo de ese año, una Orden Ministerial, desarrolló las funciones del Practicante psiquiátrico, el Enfermero psiquiátrico y la Enfermera visitadora de Salud Mental. En 1933, una Orden Ministerial, de 25 noviembre, pasó del Ministerio de Gobernación al de Trabajo la Subsecretaría de Sanidad y Beneficencia, dicho ministerio pasó a llamarse de Trabajo, Sanidad y Previsión (2,5). También fue muy importante la Ley de Coordinación de los Servicios Sanitarios de 1934. Ley que fue el origen de la posterior creación del Ministerio de Sanidad. Esta ley se puede considerar “como un paso inequívoco e importante hacia la estatalización de la sanidad en España”(2,5).
Los Colegios Oficiales, con la obligada inscripción para el ejercicio de la labor sanitaria, fueron consolidando la profesión en la estructura socio-sanitaria, hecho que permitió una rápida puesta a punto al estalló el conflicto bélico más sangriento de la historia reciente de nuestro país: la Guerra Civil española (1936-1939). De este modo, el Reglamento que regulaba el trabajo de los practicantes, de 1935, fue decisivo para la asistencia sanitaria, tanto de la población civil como de los militares.
El importante papel de las profesiones sanitarias en la postguerra.
Tras la guerra la situación política, social, económica y cultural de nuestro país cambió radicalmente. La regresión fue evidente. El aislacionismo fue total, debido a la relación de los gobiernos franquistas con los fascismos europeos. La involución se apoderó de la sociedad. Entre 1939 y 1959 hubo un periodo de intento de autosuficiencia, la “autarquía” (política de Estado que intenta bastarse con sus propios recursos y ser autosuficiente, sistema adoptado por el franquismo en la postguerra), una triste época de depresión económica y social. No obstante, las profesiones sanitarias jugaron un papel fundamental en el desarrollo de la nueva estructura socio-sanitaria nacional que se estaba “re-creando” sobre sí misma. Los colegios profesionales, junto a las leyes que salían de los gobiernos favorecieron unas reformas que, con el tiempo, lograron resolver la situación social de desamparo del país después de la guerra.
La década de los años cuarenta se caracterizó por la escasez de medios y recursos, y la lucha por la subsistencia; a lo que se añadió la influencia de la II Guerra Mundial y el bloqueo económico que decretaron “los Aliados” contra España. El gobierno, para atajar la terrible situación, estableció el llamado “Mando Económico”, con disposiciones como las “cartillas de racionamiento” y “el plato único”.
Frente a la ruina total del país, las acciones y presiones de los Colegios y de los profesionales de la salud lograron que la estructura socio-sanitaria no retrocediera demasiado. En estos años se decretaron una serie de leyes tendentes a establecer una nueva estructura socio-sanitaria y un régimen distinto en lo que afectaba, tanto a la población como a los profesionales de la sanidad: la creación del S.O.E., Seguro Obligatorio de Enfermedad (1942), que era un sistema de cobertura de riesgos sanitarios a través de una cuota basada en el trabajo. Otra destacada ley de este periodo fue la Ley de Ordenación Universitaria (1943), en la que se vinculó Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios y Facultades de Medicina. Con la Ley de Bases de la Sanidad (1944), los Colegios profesionales, agrupando practicantes y matronas, pasaron a denominarse Colegios Oficiales de Auxiliares Sanitarios. En 1945 la colegiación obligatoria se hace extensiva a practicantes, matronas y enfermeras.
La importante actividad política y social de los Colegios profesionales estimuló la promulgación de nuevas leyes. En la década de 1950, un relativo alivio económico y político, posibilita la aparición de algunos factores externos que hicieron mejorar levemente la situación de la sociedad, aunque persistió la carestía económica, la involución cultural y el control gubernativo de la política y del desarrollo social. Unos factores que facilitaron el impulso “desarrollista” en la década siguiente. Nos referimos a los acuerdos con el Vaticano (1953); la entrada de España en la O.N.U. (1955); la ayuda económica de Estados Unidos: el “Plan Marshall” (1953-1963); etcétera. Y, a nivel interno, la paulatina sustitución de los líderes políticos falangistas por los tecnócratas de la órbita del Opus Dei, que perseguían la eficacia económica y técnica al margen de las razones políticas e ideológicas del régimen franquista. Así, en la sanidad se aprecian, con pequeñas pero destacadas reformas, avances hacia un adecuado control de la salud de la población española. La preparación profesional mejor cualificada y bien estructurada, favoreció el desarrollo de la sanidad del país. En 1952, con el Decreto de 27 de junio se procedió a igualar los estudios de practicantes, matronas y enfermeras, con el nombre de Ayudantes Técnicos Sanitarios, con secciones de Practicantes (A.T.S. masculino), Enfermeras (A.T.S. femenino) y Matronas (A.T.S. de ambos sexos). En esta línea, en 1955 se crean, mediante Orden de 4 de julio, las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios.
CONCLUSIÓN.
Se ha seleccionado para este estudio un importante periodo de la profesión de enfermería, que ha llevado desde la indefinición de las labores de los cuidados sanitarios hasta la reglamentación de los estudios y requisitos legales para ejercer la profesión. Vinculando los progresos de la “ciencia de cuidar” a los avances de la política y la sociedad. Faltan hechos por analizar, desde la economía, la ciencia y la cultura, que incidieron en el desarrollo de la profesión de la enfermería, pero hemos querido aportar hoy algunos aspectos históricos y, sobre todo, legales del asentamiento y reconocimiento social de la Enfermería.

BIBLIOGRAFÍA.
1.- Calvo Calvo MA. La reacción de los practicantes en Medicina y Cirugía frente a la creación del título de Enfermera en 1915. Dynamis. 2014; 34(2):425-446.

2.- Siles González J. El Movimiento Reformista durante el Siglo XIX. Su influencia en la Enfermería Española. Historia de la Enfermería en España. (Hernández Martín, F. ed), Síntesis, Madrid. 1996; p. 227-240.

3.- Expósito González R. Apuntes históricos sobre el origen del Colegio de Enfermería de Ciudad Real. Enfermería de Ciudad Real. 2009; 52(27-32).

4.- Ruiz-Berdún MD. Los antecedentes a la colegiación obligatoria de las matronas en Madrid. Cultura de los Cuidados. 2011;15(31):69-76.

5.- Townson N. Saneando la Sanidad: La ley de Coordinación Sanitaria de 1934. Cuadernos Republicanos. 2005; 57:25-38.

6.-Bernabeu Mestre J., Gascón Pérez E. Historia de la Enfermería de Salud Pública en España. Universidad de Alicante. Alicante: 1999. [edición electrónica]

AC2015127-FOTO