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JUAN II DE CASTILLA, “FINÓ DE FIEBRE, CA MUCHO LE APRETÓ”. SOBRE FERNÁN GÓMEZ DE CIUDAD REAL, ¿MÉDICO DEL REY? (SEGUNDA PARTE)

30 abril 2014

 Ángel Pozuelo Reina,*  Francisco Javier Redondo Calvo.**

* S. Biblioteca. ** S. Anestesia y Reanimación.

Hospital General Universitario de Ciudad Real.

 

AUTOR PARA CORRESPONDENCIA

Ángel Pozuelo Reina 

Biblioteca 

Hospital General Universitario de Ciudad Real
C/Obispo Rafael Torija s/n, CP 13005 – Ciudad Real
Correo electronico: apozuelo@sescam.jccm.es

 

 

En nuestra exposición anterior (véase Apuntes de Ciencia, vol. 1, núm. 4, diciembre, 2011) se apuntó el tema de las prácticas profesionales de la medicina en los siglos XIII y XIV en la España medieval, con sanciones legales que algunos monarcas dieron al ejercicio de las <<profesiones sanitarias>>. A su vez, se introdujo la cuestión, profusamente estudiada en el siglo XIX, sobre la verdad o ficción de la figura de Fernán Gómez de Cibdareal y el propósito del Centón Epistolario (Figura 1). En esta ocasión analizaremos algunos de los aspectos médico-sanitarios que se pueden extraer de esta obra: las cartas de Fernán Gómez de Cibdareal.

 

Figura 1. Portada del Centón Epistolario  de Fernán Gómez de Cibdareal. 1775.

Figura 1. Portada del Centón Epistolario
de Fernán Gómez de Cibdareal. 1775.

 

En el siglo XV la práctica médica requería un respaldo institucional y legal, bajo el patrocinio de los monarcas en los varios reinos de la Península Ibérica. Así, en el caso del reino de Castilla, encontramos a Alfonso Chirino de Cuenca (1365-1429), que fue médico de cámara de Enrique III (1390-1406) y examinaba a médicos y cirujanos, bajo el título de Alcalde y Examinador Mayor 1,3. Con el rey Juan II (1406-1454), del que Chirino fue también médico de cámara, se amplió el control de la asistencia médica. Así, a partir de este punto, el grupo de cirujanos y barberos se incorporaron a un sistema de formación más profunda y seria. La docencia correría a cargo del grupo de médicos o físicos universitarios con el Tratado de menor daño en medicina, de Chirino (Figura 2) 3.

 

Figura 2. Portada del Tratado llamado del menor  daño de medicina. 1513.

Figura 2. Portada del Tratado llamado del menor
daño de medicina. 1513.

 

En cuanto a nuestro personaje, si Fernán Gómez existió o no; si fue bachiller o doctor; si escondió su personalidad; si solamente fue “clínico” y no investigador y científico; si era de Ciudad Real o de otro lugar, es, para el fin que hoy nos reúne, de menor trascendencia, no decimos que no sea importante, lo es, sino que vamos a entresacar de sus cartas los temas médicos, sanitarios, del arte de curar y, más concretamente, sobre la fiebre.

Hernández Morejón, uno de los eruditos del siglo XIX que estudió profundamente las cartas, no entró en la discusión sobre la existencia de Fernán Gómez, o sobre la propia publicación. Y, dando por ciertos y verídicos al personaje y a la obra, nos dice, ya entrando en temas de sanidad, que el propio monarca, Juan II, envió a su médico personal, Fernán Gómez, al condestable d. Álvaro de Luna, en 1429, para “atender a su curación, pues se hallaba enfermo en Xaraicejo…” (Jaraicejo, Cáceres). A su vez el condestable elogia al Rey “el haberse descosido e separado de su físico e buen curador…” 4.

Se quejaba Hernández Morejón de que este físico (médico) no haya dejado ningún tipo de escrito relativo a la ciencia médica o el arte de curar, dado que derrochaba “buen gusto en este género de escribir, y de pureza de la lengua de aquel tiempo… (y que) no nos haya dejado algunas obras relativas a sus conocimientos médicos; en el Centón hay alguno que otro aviso relativo a la ciencia” 11. Del estudio que publicó Hernández Morejón sobre el bachiller de Ciudad Real se pueden extraer algunas ideas o consejos médicos de interés que nos permiten resaltar la figura de Fernán Gómez.

“… si al médico no le es dado curar los males de suyo mortales, debe a lo menos asistir a los enfermos acometidos de ellos con esmero y asiduidad, como expresa al escribir: “ca si mi arte no pudo alongarle la vida con la cura, con la acucia (prisa) cumplí mi deber” 4.

En este sentido, tal vez sean destacables algunos de los preceptos de los grandes pensadores antiguos de la ciencia médica que, aunque formaban escuelas distintas, procuraban infundir en los “físicos” unas normas éticas. Así, Maimónides (1135-1204) exhortaba a los médicos con las siguientes sentencias: ”Que jamás vea yo en el paciente otra cosa que un compañero en el dolor” 5. O esta otra sentencia, también de Maimónides: ”¡Oh, dios! Tú me has escogido para vigilar por la vida y la salud de tus criaturas: heme aquí dispuesto a seguir mi vocación” 5. O, también, como señalaba Hipócrates en su juramento: ”… no llevaré otro propósito que el bien y la salud de los enfermos, cuidando mucho de no cometer intencionadamente faltas injuriosas o acciones corruptoras…” 6.

Otro pasaje de las cartas de Fernán Gómez nos habla de las normas o reglas de la medicina: “Las reglas de la medicina de vra. mrd. (vuestra merced) son más sabias que las de Avicena, ca (que) la sobriedad e la quietud del ánimo (l)levan la causa de la corrupción… Si vra. mrd. fuera latino, le dijera en latín un dicho de Avicena, que en castellano suena asina (así): La sanidad no se hunde de súpito (repentino); ca (que) por un comienzo chico comienza la corrupción postrimera” 2.

Fiebre o ceción.

En lo que se refiere al tratamiento de las fiebres, o ceciones, tema propuesto inicialmente en este pequeño análisis, nos encontramos con las siguientes expresiones sacadas de las cartas de Fernán Gómez: “Fui mandado por el Condestable a Alburquerque a medicar al Infante Don Pedro vuestro primo. El estaba repleto de internas congojas, e corru(p)ta la sangre de los caminos e cabalgadas contin(u)as, e con dos fiebres, menguante e creciente: e yo non resté contento de ser venido, ca (que) podría ser que del mal finase, e cargasen la su muerte al Físico, e al honor del Condestable que me mandó. E luego que llegué le fiz (hice) aparejar para sacarle sangre, e asaz (bastante) en dos vegadas (veces) le saqué buenas cinco tazas, e le fiz (hice) tomar dos brebages frigerativos, uno en pos de cada sangría; e tanto le ha cal(m)ado la fiebre, que no se siente” 2,4. El mismo tema, y casi las mismas palabras, utiliza nuestro autor en otra misiva diciendo: “…el Infante don Pedro, que estaba febrático… e a mí me mandaron con Rengel, ca (que) por ser Físico (médico) del Rey dixeron que me mandaban a fin que curase a Su Señoría el tiempo que tardase el Físico de Portogal (Portugal)… Yo le resupe a tono… Del mal del Infante Don Pedro guarirá (curará)… Su Señoría, ca (que) todo es molido? de afanarse?; e con buenas cinco tazas de sangre que le he sacado en la menguante de la fiebre (en la práctica médica era común hacer sangrías a los enfermos), e dos bebidas frigerativas que le he compuesto, se ha cal(m)ado casi al natural su pulso…” 2.

Una misiva más nos habla de fiebres, en este caso para eliminar la duda de que el condestable fuera envenenado. Dice Hernández Morejón: “para desvanecer la idea de que había muerto de veneno el adelantado…<<e por los quatro Evangelios del Misal que es falsedad la imputación de las hierbas al Adelantado… Mas en el mal de que finó, fue de una fiebre metida en el pulmón, e de sus años, que la mas mortal malatía (enfermedad) de todas es>> 4.

La labor profesional de médico de Fernán Gómez terminó con la muerte del rey Juan II. Episodio que nos relata Hernández Morejón de la siguiente manera: “lo que acredita entre otras cosas la seguridad de sus pronósticos en los males, fue el que dio en la última enfermedad del rey D. Juan II contra la opinión de sus dos compañeros los bachilleres Frías y Beteta…” 4.

<<Finó de fiebre, ca (que) mucho le apretó. Como el Rey estaba tanto trabajado de caminar dacá parallá, e la muerte de D. Álvaro siempre delante la traía, plañiendo en su secreto… todo le fatigaba el vital órgano… Le dio en el camino un parogismo (frío que viene antes de la enfermedad o calentura) con una fiebre acrecentada, que por muerto fue tenido… pero a Dios plugó (plació) que volvió el Rey en su acuerdo; ca (que) le eché una melecina que le volvió. E fue a Valladoli(d), e por el mal desque (desde que) en la Villa entró fue de muerte, e el Bachiller Frías me lo oyó quando él por menor lo tenía, e el Bachiller Beteta por pasabola (sin importancia).…>> 2.

CONCLUSIÓN

Superando, y progresando en alguna forma, viejos conocimientos médicos del Medievo hispano, el siglo XV, con algunos ejemplos, como este escogido de Fernán Gómez de Ciudad Real, y otros más profundos, como la sabiduría de Alfonso Chirino de Cuenca, tras un somero estudio, apreciamos cómo la medicina y la práctica sanitaria evolucionaron, poco a poco a ciencia. Desprendiéndose de las caducas y obsoletas máximas de la sabiduría medieval, controlada en exceso por preceptos ideológicos y religiosos. Abriendo a la sociedad y a la cultura un nuevo tiempo que conoceremos como Renacimiento.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

1.- Amasuno, M. Alfonso Chirino, un médico de monarcas castellanos. Salamanca: Ed. Junta de Castilla y León; 1993.

2.- CENTÓN Epistolario del Bachiller Fernán Gómez de Cibdareal; y Generaciones y Semblanzas del noble caballero Fernán Pérez de Guzmán. Madrid; 1790.

3.- Chirino A. Tratado llamado menor daño de la medicina. Toledo; 1513.

4.- Hernández Morejón A. Historia bibliográfica de la Medicina Española. Vol. 1. Madrid; 1842.

5.-. http://www.smu.org.uy/publicaciones/libros/laetica/nor-maimonides.htm

[Consultado: 05/09/2011].

6.- Zozaya A. Aforismos y pronósticos de Hipócrates. Madrid; 2004.